{"id":139,"date":"2021-04-01T02:54:36","date_gmt":"2021-04-01T02:24:36","guid":{"rendered":"http:\/\/leonora-m-lombardi.cl\/sitio\/?page_id=139"},"modified":"2021-04-01T02:54:37","modified_gmt":"2021-04-01T02:24:37","slug":"la-consagracion-del-paisaje","status":"publish","type":"page","link":"http:\/\/leonora-m-lombardi.cl\/sitio\/la-consagracion-del-paisaje\/","title":{"rendered":"LA CONSAGRACI\u00d3N DEL PAISAJE"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cr\u00edtica a \u00abGeopo\u00e9tica\u00bb de Leonora Lombardi (por Claudio Guerrero) <\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/leonora-m-lombardi.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/unnamed-1.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-140\" width=\"128\" height=\"223\" srcset=\"http:\/\/leonora-m-lombardi.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/unnamed-1.jpeg 276w, http:\/\/leonora-m-lombardi.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/unnamed-1-173x300.jpeg 173w\" sizes=\"auto, (max-width: 128px) 100vw, 128px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(A prop\u00f3sito de\u00a0<em>Geopo\u00e9tica<\/em>, de Leonora Lombardi.<br>Valpara\u00edso, Ediciones Inubicalistas, 2021)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Canto Mineral, Canto Vegetal y Canto Fluvial son los nombres de los tres cantos con que Leonora Lombardi, autora de\u00a0<em>Cardoscuro<\/em>\u00a0(2013) y\u00a0<em>La casa<\/em>\u00a0(2018) entre otras publicaciones anteriores, celebra el paisaje en esta trilog\u00eda que conforma su\u00a0<em>Geopo\u00e9tica<\/em>\u00a0(2021). A cada uno le corresponde una expresi\u00f3n geogr\u00e1fica espec\u00edfica: monta\u00f1as, valles, r\u00edos. Como descendiendo de lo alto, desemboca en el Pac\u00edfico, en direcci\u00f3n Este-Oeste; pero tambi\u00e9n, proponiendo un recorrido por el territorio en direcci\u00f3n Norte-Sur. El mapa que se conforma es uno afectivo, emotivo, que da pie al asombro y deja de lado, en particular, cualquier acci\u00f3n de la industria humana: \u201cPartimos afirmados \/ gran Parinacota \/ con una lengua que se enreda \/ por no saber tu lengua\u201d (19), reafirmando el espacio originario, antes de cualquier tipo de intromisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con la lengua enredada, humilde y respetuosa, con una disposici\u00f3n hacia el conocimiento y comprensi\u00f3n de un espacio anterior a lo humano, este libro es un recorrido limpio, carente de intervenci\u00f3n lacerante o da\u00f1ina respecto del lugar rescatado, y procurando un respeto por la magnificencia del lugar primitivo. Predomina un tono de fiesta, de hallazgo y celebraci\u00f3n: \u201cInacalari \/ Inacalari, dijo la ni\u00f1a \/ Miscanti, \u00bfqui\u00e9n te nombr\u00f3 as\u00ed?\u201d (27). El resultado es una traves\u00eda por un mapa de Chile consagrado a partir de su impetuosa geograf\u00eda, a partir de su naturaleza primordial, estructurante. La arquitectura, la obra gruesa, que da forma al territorio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los cantos recuerdan a Ezra Pound, al Neruda de&nbsp;<em>Los tres cantos materiales<\/em>&nbsp;y de&nbsp;<em>Canto general<\/em>, al&nbsp;<em>Poema de Chile<\/em>&nbsp;de Gabriela Mistral, al&nbsp;<em>Walden<\/em>&nbsp;de Thoreau, y a tantos otros autores que vinculan cultura y naturaleza. Es inevitable pensar en algunos de estos grandes proyectos de escritura como red oculta de textos anteriores que incorporan un recorrido por una sustancia material cotidiana, ineludible, y cuya presencia marca el devenir de la cotidianeidad, estimulando el ojo, el olfato, el o\u00eddo. Lo mismo ocurre con estos poemas. Tienen un car\u00e1cter celebratorio que le da preponderancia al aspecto sagrado del paisaje, aquello que tiene de inmutable, aquello que sobresale e irrumpe por la notoriedad de su presencia, determinando su car\u00e1cter. Las grandes cumbres, los volcanes, los valles que se trenzan como b\u00f3vedas unas al lado de otras, las hileras de r\u00edos que vertebran perpendicularmente la franja larga de tierra son los hitos que envuelven la trayectoria de esta voz po\u00e9tica siempre maravillada, como en estado de \u00e9xtasis frente a la grandilocuencia de la naturaleza: \u201cLa cadena se va sumergiendo \/ creciendo monta\u00f1as \/ mar adentro \/ Peteroa\u201d (39).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La forma po\u00e9tica escogida obliga a la toponimia, a la atenci\u00f3n por los nombres propios de los lugares: Tupungato, Tinguiririca, Elqui, La Campana, Aconcagua, Tal Tal, B\u00edo B\u00edo, etc. Pero esta toponimia prontamente se convierte en topofilia, en un giro caracter\u00edstico de esta poes\u00eda que se detiene, especialmente, en la musicalidad del nombre propio: \u201cY t\u00fa Sillajhuay, \/ silbante de las alturas, \/ \u00a1oh Sillajhuay! \/ que me enamoras con tu nombre\u201d (23); \u201cLa Ligua, dulce dicci\u00f3n la tuya\u201d (89). La geograf\u00eda, por tanto, es ante todo m\u00fasica, detenci\u00f3n del o\u00eddo y fascinaci\u00f3n por los sonidos que conforman un nombre. Esta actitud propia de la melopeya le proporciona a esta&nbsp;<em>Geopo\u00e9tica<\/em>&nbsp;un car\u00e1cter propio que, por oposici\u00f3n (en este caso por la omisi\u00f3n que promueve), se descarta, se resta, de otras formas de nombrar, por lo general propias de la ciudad, y que conforman un car\u00e1cter de simulacro, acentuando su falsedad y distancia respecto de un origen:&nbsp;<em>altos de<\/em>,&nbsp;<em>bosques de<\/em>,&nbsp;<em>lo,&nbsp;<\/em>son algunas de las formas ling\u00fc\u00edsticas que tratan de emular un aspecto de la vida fuera de la urbe en la propia urbe, ofreciendo como espect\u00e1culo barrial -el suburbio, el&nbsp;<em>country<\/em>, la parcela a pocos kil\u00f3metros de la ciudad-, como falsa experiencia, algo que solo se puede experimentar lejos de las grandes urbes y que ya resulta casi imposible de apreciar en medio del v\u00e9rtigo que promueve el capital en las sociedades contempor\u00e1neas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La detenci\u00f3n en la naturaleza, por tanto, es un gesto genuinamente contramoderno. Participa, dir\u00edase, del espacio de la ecocr\u00edtica, en base a un verso corto, que es tambi\u00e9n una medida de compresi\u00f3n contra el exceso propio de la vida moderna, llena de desechos y obsolencias programadas. A contrapelo del extractivismo descontrolado, del saqueo de las riquezas naturales por grandes compa\u00f1\u00edas multinacionales con apoyo tributario del Estado, escribir y celebrar el paisaje, cuando desesperadamente lo hall\u00e1bamos derrotado, lo percibo como un acto de resistencia, entereza y esperanza, que pone en relieve una concepci\u00f3n de la naturaleza que pens\u00e1bamos perdida. El encuentro con el entorno; la conexi\u00f3n con el territorio; el cuidado, comprensi\u00f3n y conocimiento del medio ambiente que nos rodea se muestran en esta po\u00e9tica como posibilidad humanizante, vivencial y restitutiva del efecto de desterritorializaci\u00f3n que promueve el capitalismo tard\u00edo en su fase postmoderna, l\u00edquida, de flujos evanescentes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Volver al territorio, volver a lo material, equivale, por tanto, volver a tocar, volver a sentir, volver a recuperar el sentido. Algo que desde hace un tiempo determinada literatura viene buscando de manera obcecada, como respuesta apasionada, como negaci\u00f3n, a las l\u00f3gicas del poder que est\u00e1n llevando, entre otras cosas, a la destrucci\u00f3n de la especie y del planeta. Volver a pensar el espacio geogr\u00e1fico como una realizaci\u00f3n po\u00e9tica no puede sino hacer creer en formas de vida a\u00fan sostenibles, en el buen sentido de la palabra, desde la experiencia y no desde el vac\u00edo de un enunciado que viene a\u00f1adido a las l\u00f3gicas economicistas que desde hace d\u00e9cadas se nos est\u00e1n imponiendo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero el poemario de Lombardi tampoco se queda solo en eso. A toda la geograf\u00eda descrita po\u00e9ticamente, como un modo de ser-en-el-mundo, como \u201cfusi\u00f3n entre est\u00e9tica y conocimiento\u201d (7), como apunta Felipe Moncada en el pr\u00f3logo, agrega ventanas hist\u00f3ricas, acontecimientos que han transcurrido en el territorio y que promueven formas culturales que no se dan por ancladas y perviven en una memoria, dir\u00edase, ancestral, popular, que no olvida sus heridas: \u201cCerro El Plomo \/ di qu\u00e9 violado \u00fatero fuimos \/ por la traidora espada\u201d (34); \u201c\u00bfPor qu\u00e9 lloras, Volc\u00e1n Antuco? \/ \u00bfpor qu\u00e9 lloras? \/ tu calor no pudo, es cierto \/ tu calor no pudo \/ abrigar a los soldados ca\u00eddos \/ en la escarcha de su pupila\u201d (40); \u201ccuidado, dicen las aguas \/ cuidado que nos acercamos \/ a las cementadas humanas \/ dice el Maipo medio herido \/ el zapato viejo de una ni\u00f1a \/ de una ni\u00f1a de orilla de r\u00edo urbano \/ viaja en la oscura espuma \/ una barrera de pl\u00e1stico \/ le impide el paso \/ pesado va cargando aceites \/ oliendo a orillada muerte\u201d (89), etc.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El paisaje evocado se inscribe, de esta manera, en una memoria que recuerda sus cicatrices, porque dichas hendiduras tambi\u00e9n forman parte de esta construcci\u00f3n tel\u00farica. Habitar la geograf\u00eda circundante es algo que adquiere sentido, entonces, en el acto de nombrarla, escucharla, tocarla y asimilarse a ella como forma humanizante de vivir en un planeta gastado, viejo, a quien el ser humano le da habitualmente la espalda, como se\u00f1ala la voz que inaugura el libro: \u201cPorque no hemos visto \/ No hemos o\u00eddo \/ No hemos olido \/ Ni palpado \/ El otro norte \/ El otro centro \/ El otro sur\u201d (13). &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Visto as\u00ed, el poemario propone alternativas de vida que no est\u00e1n tan lejos de nosotras y nosotros y que, en realidad, siempre estuvo ah\u00ed, solo que dej\u00f3 de ser relevante por oscuras causas que guardan relaci\u00f3n con la econom\u00eda hegem\u00f3nica que gobierna nuestras vidas. Este camino alterno que defiende esta poes\u00eda, esta tendencia hacia una otredad invisibilizada, de repositorio, y que podr\u00eda tomarse negativamente por cierta cr\u00edtica como algo anacr\u00f3nico o extempor\u00e1neo, es an\u00e1logo al movimiento de retraimiento que hacemos los seres humanos cada vez que estamos a punto de explotar, en cada crisis, en cada estallido de vida. Ese volcamiento hacia un interior, hacia formas de vida que hab\u00edan quedado de lado, por razones vanas, fuera de lugar en el contexto del espacio de la destrucci\u00f3n, posibilita un recogimiento, una potencia de volver a captar parte de los sentidos anestesiados por la vida moderna. Se trata, por tanto, de un gesto revitalizador, saludable, de volver a tener los pies sobre la tierra, sin voladores de luces ni discursos grandilocuentes. Se trata de tenues rayos de luz que las sempiternas sombras siempre agradecer\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Agua Santa, marzo 2021<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cr\u00edtica a \u00abGeopo\u00e9tica\u00bb de Leonora Lombardi (por Claudio Guerrero) (A prop\u00f3sito de\u00a0Geopo\u00e9tica, de Leonora Lombardi.Valpara\u00edso, Ediciones Inubicalistas, 2021) Canto Mineral, Canto Vegetal y Canto Fluvial son los nombres de los tres cantos con que Leonora Lombardi, autora de\u00a0Cardoscuro\u00a0(2013) y\u00a0La casa\u00a0(2018) entre otras publicaciones anteriores, celebra el paisaje en esta trilog\u00eda que conforma su\u00a0Geopo\u00e9tica\u00a0(2021). A cada uno le corresponde una expresi\u00f3n geogr\u00e1fica espec\u00edfica: monta\u00f1as, valles, r\u00edos. 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