Geopoética
Leonora Lombardi
Índice:
Glaciares
Canales
Fiordos
Mesetas
Humedades
Bofedales
Maizales
Totorales
Salares
Tundra
Glaciares
Una turquesa transparencia
Flota en los mares del sur,
Se desliza suavemente,
Siete de una tarde estival
Con su luz oblicua y muy propia.
Los humanos ya se han retirado
Dejando huellas de papeles, colillas
Y exceso de palabras
Este es el reino del silencio.
Se desplaza lenta
La turquesa transparencia
Llevada por las glaciales aguas,
A su paso la saludan los coigues
Ñires, lengas, canelos,
Arriba, materno
Y todavía anclado en la hendidura
El glacial, novia de todos los tiempos
Líquida novia que humedece los campos.
El glaciar ha detenido las aguas
Para que no se pierdan en su paso,
Para que no se pierdan en su paso por la ciudad
Las ha congelado en su despeño,
Para un bien que la humanidad
En su agitado trote
No puede ver.
¡Oh, flotante barco turquesa
Que te deshaces en islotes de hielo
Formando figuras para niños nunca estados,
Por aquí
va un caballo alado
Por allá, una liebre patagónica
Por aquí un albatros abatido
Por allá, una bandurria desplegada.
Y los vientos
¡Ah! los vientos australes
Que despeinan las aguas
Y rozan el macizo y sus pies
Van deshaciendo
El zoológico de hielo
En un espectáculo de colores
Que la soledad de las tardes
Regala al silencio.
¡Ah!, las lluvias
Las lluvias que lo alimentan
Y se resuelven en hielo
Detenidas.
¡Oh! glaciar
Si pudiera hablar tu lengua
Detener tu irremediable partida
Pero tu turquesa niña desprendida
Ya va cruzando valles abajo
Derretida entre recodos de polvo,
Nada queda de su original blancura
A su paso se espesa y oscurece,
Nada queda de su luz tardecina,
Solo importa que cruce la acequia
Que corra por los canales
Y crezca excedidos plantíos
Frutales que se llevan los ojos
Para beneficio de unos pocos
A veces muy lejanos,
Siempre muy lejanos,
Más lejanos aún en la cercanía,
Y allá, donde hay ocho o diez
No pasa nunca el agua limpia
Allá donde hay ocho o diez
Que nunca vieron
Un caballito de hielo azul
Cruzar por su puerta.
Vuelvo entonces a ti, detenido glaciar
Para que repartidas sueltes tus aguas
En los ríos más grandes y más pequeños
Para que lleguen a los cercanos y lejanos
A las casas de sombra o de sol
De jardines o de tierra
A las con niños descalzos
Con pies de prado
A las de piel curtida
De tersa porcelana
A las de techos de ardiente zinc
De fresco tejado.
Así será el recorrido tuyo
Amado glaciar
Vendrás desde las alturas
Soltando de a poco tus aguas
Saludando con tu zoológico de hielo
A cuanto hay a tu paso
Desde las aldeas que todavía hoy
Hasta las improvisadas chozas
De orilla de río urbano
Desde los niños que juguetean con la oveja
Bajo los manzanos del sur
Hasta los que engordan con caja de aluminio
Y en sillas de aluminio viven
En medio de la gran ciudad.
Todo lo verás a tu paso
Oh, hermoso glaciar,
Tu niña desprendida te irá contando
Como su vestido de turquesa agua
Fue perdiendo su color
Cuando cruzaba los humanos territorios
Unas aguas más gruesas se fueron por canaletas
A regar repetidos frutales,
Sombríos y encumbrados paltíos,
Otras, por acequias, pequeñas huertas
De lechugas, zapallos y habas.
Tu niña lo irá mirando todo
Con sus ojos de agua
Ahora opacos y medio ciegos
Hasta oler el salado anuncio
De un mar que la espera
Por ello afana el paso
Todavía entre cautivos valles
Entre ríos detenidos
En recodos de oliente escombro
Por ella afana el paso
Soñando con el reencuentro
De una turquesa transparencia
De un caballito flotante
De un suspendido alcatraz,
Después de su largo viaje
Después de su largo viaje
Largo viaje
Del glaciar al mar.
Canales
Ah, los canales
Ay, los canales
Los canales del sur del mundo
Donde se peinan las algas
Y entran y salen ellos
Hasta ahora sin permiso
Hasta mañana no sabemos.
Los canales
Por donde juguetean las aguas
En escondidas subterráneas
Y pasajeras tibiezas frías
Quién entra hoy al canal?
Una tunina danzante
Se revuelca en la corriente
Un salmón liberado
Celebra en la burbujada
Qué entra al canal esta tarde?
Una luz declinante
Es la luz de las cinco
Que cruza las aguas
E ilumina la danzante flora
Qué quieren ellos?
Para qué han venido?
Por qué tanta máquina
Tanto estanque y aluminio
Tanta cerca en el abierto canal?
La fauna busca pronto refugio
La flora la acoge en sus secretos jardines
Cae la noche en los canales
Pero no todo es ya silencio
No todo es dulce sombra
Salada oscuridad ya no es
No todo es serena espera de un nuevo día.
Fiordos
El valle agradeció a las nieves su caída
A las derretidas aguas agradeció
Y fue tomando redonda forma
Alargada extensión
Mansa geografía
Ondulantes pastizales
Besos de bofedal y hocico
Babeante beso de la mansa oveja
Tersura de tallo, espinado pétalo
Verticales dioses
El ñire, el coigue y la lenga
Peinada yareta en los viento de la tarde.
Todo fue por al valle dado
Hasta que la caricia del tiempo
La caricia del tiempo
La caricia del tiempo
Rasguñó su fondo y entró el mar
Entró el mar, el mar, el mar
Con su espumoso ímpetu
Con su insistente marejada
Con su salada pasión
Y lo que fue extendido valle
Cavó más profundo y levantó paredes
El viento hizo lo suyo
Con estrechos silbidos
Y tajadas de orillas
Y allí estaban los fiordos
Alguien dijo Quintupeu
Piti Palena, alguien dijo
Quitralco, dijo
Alguien dijo Reloncaví
Comau
Reñihue
Puyuhuapi
Fiordos de fin de mundo
Visitados por ballenas y pájaros
Allí estaban
Ayer valles hoy tajos profundos
Salados tajos de un nuevo revés
Con jardines sumergidos
De algas, choritos, estrellas
Con zoológicos sumergidos
De danzantes ballenas azules
Y raudas corrientes de peces
Con bancos de corales
De cielos y estrellas espejeados
Y bendita soledad profunda
La de estos fiordos de fin de mundo
Bendita soledad profunda
La de estos fines de mundo.
Mesetas
Tanta vastedad, mi Dios
Tanta vastedad y silencio
Tanta generosa extensión desatendida
Son las mesetas altiplánicas
Son las mesetas patagónicas
Allá, lejos, en un fin de mundo
Que se ofrecen como desnudo cuerpo
Para hacerle abrigo y casa
A la migrante humanidad,
Al niño, cuna de yareta,
A la niña, mecedumbre de quilembay
Cuánta frazada de fin de mundo
Tejida con fibras de neneo y charcao,
Tanto abierto espacio
Para historiar voces aymaras
Quechuas dicciones idas
De un Atahualpa Yupanqui,
Silabarios de un extremeño Pizarro;
Tehuelches voces de más al sur
Ecos de castellanos cantos
Idos cantos celtas,
Tanta mañana encendida
Para el cruce de pupilas
De un Juan de la Piedra
Y un cacique Mulato;
Tanta vastedad, mi Dios
Para la migrada humana
Que los ojos faros quedan ciegos
Porque siempre hay más allá
Y el sabio huemul vive
En la inmediatez de su comunión
Con la liebre y el puma.
Todo esto pasa en las mesetas altiplánicas
Mientras allá, lejos, más abajo, dicen,
Un pulular enjambrado de pies y brazos
Helado de tedio y miedo
Se olvidó de gitanear.
Si parece que estos vastos silencios
Son invitantes silencios
Con su música propia,
Un ronquido grave del milimoyu;
Con su animalada propia,
Un suave despegar de la bandurria;
El silbido de la yareta por las tardes
Y el lento paso de la llama al bofedal,
Todo esto pasa en las mesetas patagónicas
Con su cromática propia,
Quién viene a ver los rosas del atardecer
Que se quedan en los ojos del pudú?
Quién el suave gris del amanecer del ñandú?
Quién el amarillo bajo del amancay
La blanca luz del macachí?.
¡Oh mesetas!, diosas extendidas
En las australes soledades
Qué pie llega a tus suelos
Dejando pasajera huella?
Qué sedientos ojos
Maravillados ojos
Por la erupción del solupe?,
Qué viajeras voces
Por la voladora flechilla
Que recados lleva hasta Jeinimeni?
Solitario lago en la meseta
Por ti respira la espina
En su paciente sed;
Por ti, Copahue, volcán del frío
Ronca la meseta a media tarde
Y por ti el viento patagónico
Peina con amorosa brusquedad
Toda la flora repartida
En éstas, las australes vastedades
Las invitantes soledades
De las mesetas patagónicas.
Humedales
Quién se esconde en el barro fresco del humedal?
Quién deja su frágil huella entre los totorales?
El pequeño valle baja a buscar consuelo
En el oscuro rincón del humedal
Las aguas se enredan entre raíces
Las aguas se peinan en la enramada
Las aguas huelen en el humedal
¡Cómo huelen las aguas en el humedal!.
Resbalosa la orilla juega con los niños
El pie se pinta de terrosa tibieza
Y sentados ríen
Con el frescor de la tarde
Hasta que ya casi los adormecen los anillos
Los repetidos anillos que se lleva el agua
Azules, naranjos, rojizos
Azules, naranjos, rojizos
Antes del anochecer.
Al amanecer todo es silencio en el totoral
Una niebla rala pone notas bajas al suave vaivén
Apenas mecidos los delgados juncos, bailan
Hasta que el medio día disipa la niebla y los desnuda
Allí están con sus verdes ocres y sus tersos cuellos
Una brisa amiga de las dos de la tarde los llama
Y a eso de las cinco todo es baile en el totoral
Es la hora de los vientos en el valle
Es la hora de los bailes en la laguna
Es la hora de los bailes en el totoral
Todo es susurro y roce vegetal
Hasta que cae la tarde y vuelve el silencio
Las aguas se aquietan y los juncos se yerguen otra vez.
Quien pinta pone oscurecido verde a la tarde
Y luego un azul que se va apagando y cediendo
Porque ha llegado la noche al valle
Porque ha llegado la noche al valle
Y todo es silencio en el humedal.
Bofedales
Y apareció a ras de mirada
Ahí estaba el bofedal andino
Esperando paciente el subterráneo alimento
La llegada de la llama
El pie de la pastora
Alpaca de pastoreo.
En la extensión terrosa
Tierras arriba
Se abre un tajo en la meseta
Un tajo de aguas frescas
Bofedal de Parinacota
Bofedal de Alsuri
Bofedal de Manasaya
Aguas del Silala
Que refrescan los pastizales
Y humedecen la yareta
La hosca yareta peinada por los vientos,
Que alivian los pies
Y mojan el bajo faldón
La terrosa ojota de la niña pastora,
Que detienen el tiempo
Y humedecen el hocico
De la llama y la vicuña,
De la alpaca y la vizcacha
Que hacen correr al niño cabrero
Cuando huele el bofedal
Y el agua le moja la cara
En un salpiqueo de juego
Que la madre en silencio
celebra.
Todo esto pasa
Allá
Arriba
En los pastizales
En los bodefales
Donde las patas y los pies
Tejen en punto cruz
Una misma vida errante.
Maizales
A eso de las tres de la tarde
Una brisa suave los mece
Y desde aquí parecen
Los ondulantes cabellos del valle
Maizales
Maizales
Repetidos maizales
En medio del valle,
Yo me detengo en uno
Me detengo en uno
Para verlos a todos
Me escondo entre los maizales
Y me detengo en uno
Para verlos a todos,
Aquí está,
Muy próximo,
Con su tallo resuelto
Y sus danzantes volantines
Primero fue la semilla
Enracimada semilla
Luego la mazorca niña
Abrigada de verde
Luego el calor hizo su parte
Y la mazorca fue madura coronta
De disciplinados dientes
Hasta que asomó un moño ocre
Un moño de miel que daba aviso
El fruto estaba maduro
El maizal cumplía su ciclo
Con sus silenciosos compañeros
El sol, el agua, la tierra
Y dónde andábamos nosotros
Cuándo todo esto sucedía?
Caminando el maizal sin siquiera mirarlo
Tragando el maíz sin siquiera mirarlo,
Maizales
Que endulzan los ojos de la más dura mirada
La niña se quedó en silencio
Cuando pasaba orillando el río
El maizal y el viento se llevaban su vestido
Maizales
Que hacen correr los valles en ondulante juego
Que peinan los valles con la mano de los vientos
Sigan bailando y meciéndose
Sigan sonriendo maduros
Porque tal vez un día
La mano intrusa
…
Totorales
Y le dije
No te apenes,
Yo necesito irme por los totorales
No te apenes,
Porque tras su suave mecedura
Me asomaré a mirarte
Ya verás, unos te ocultarán
Ya verás, otros me asomarán
Y nos reiremos
Y nos adivinaremos
En este juego de ocultos y aparecidos
Y la pena irá pasando
Ya verás
Porque los totorales
Saben cómo hacerlo
Hay solo que atreverse
A entrar en ellos.
Salares
Un espejo de nubes
Confunde la conciencia
Hace extraña la lengua
Enceguece la mirada.
Una mañana cualquiera
Nadie sabe
Nadie puede decir
Dónde empieza
Dónde acaba
Esa sábana desértica
Extendida por espacios
Por edades y tiempos
Que el humano no alcanza.
¡Oh, salares!
Uyuni
Surire
Laguani
Chalviri
Arizaro
El cactus que en tu orilla ora
El flamenco que deja sus frágiles huellas
El atardecer que cae en anaranjado sueño
Todo es un orden sin límites
Que al humano deja en silencio.
No hay fronteras en los salares
Lo mismo Uyuni, Atacama o Antofalla
Bajo sus mantos se encuentran aguas
Andinas aguas sin dueños
Salinas aguas sin dueños
Que suben, que bajan
Que cruzan, que se entremezclan
Que se detienen pacientes
Y afloran un día cualquiera
Que se desnudan bajo el sol
Que se petrifican quietas
Bajo los espejeados cielos
Bajo los enceguecidos ojos
De una trashumante humanidad.
Tundra
Nadie paga por extender la vista
En esa estepa en llamas que es la tundra
Desafío para la espátula del pintor
Y pendiente vocabulario para el poeta
Ahí está la tundra
En una cadena de ocres martes
Sin más pretensión que ser tundra
Ahí está en un silencio que exhala vahos
Para pulmones de ocultos seres
Hasta que un ruidoso día de calendario
Cruzadas huellas estrían la tundra
Y pisotean su esponjosa alfombra
Más abajo,
Un mundo de seres líquidos
Arbustos, musgos, líquenes
Que han vivido allí por años
Un mundo de errantes seres
La liebre, el lobo, el búho
En la convivencia silenciosa
De la vida de la tundra
No pueden con el paso de la rueda
No pueden con los extraños advenedizos
Que un martes cualquiera y sin permiso
…




















