Hojas, árboles, arbustos y flores
Vegetada
Ladrillos
Tierra
Hojas:
Hoja de álamo blanco
Hoja anónima
Hoja de boldo
Hoja de cedrón
Hoja de ciruelo silvestre
Hoja de damasco
Hoja de jazmín en flor
Hoja de laurel en flor
Hoja de menta
Hoja de rosa silvestre
Hoja de ruda
Árboles y arbustos:
Árbol
Acacia
Alerce
Algarrobo
Árbol anónimo
Arrayán
Avellano
Belloto del norte
Boyén huayu
Canelo
Ciprés de cordillera
Culén
Espino
Eucaliptus
Guayacán
Lingue
Litre
Molle
Muchi
Naranjillo
Olivillo
Palo colorado
Patagua
Peumo
Pino
Quillay
Sauce
Ulmo
Flores:
Ajicillo
Arvejilla de cordillera
Añañuca de cordillera
Capachito
Cardenal
Chagual Maguey, Chagual Cardón
Coirón
Copihue
Dedal de oro
Esparto
Flor de cardo
Flor de Quetehue
Flor de la viuda
Hinojillo
Huilli pijama
Huilmo ñuño
Lahue o cebolleta
Lirio del campo
Malvilla
Mariposa del campo
Ortiguilla
Pajarito del campo
Quintral
Rama de peral
Relicario o soldadillo
Renilla
Rosa
Soldadillo grande de cordillera
Suspiro de mar
Trigue
Uva de cordillera
Vinagrillo gordo
Violeta del campo
Violeta de hoja larga
Yareta
¡Salud compatriota!
Alcemos el balde de agua limpia del río
Cerremos el rifle que extermina
La última criatura de una especie
Hablará María Flora:
“Esos que ve tendidos y rotulados
Fueron robles y alerces milenarios
Que no sobrevivieron el Bicentenario
Esa flora que afirmaba los cerros
Y vivía en complicidad profunda con la roca
O en fresco baile con los vientos
Esa ha sido reemplazada por el oro verde del mediodía
Por la arremetida nocturna que acercó arenales
Por la desechada humana que tapó los ríos
Por el serrucho ardiente de oculta mano entre los bosques.
Ladrillos
Yo construyo esta casa
Con adobes y ladrillos
De Virgilio y Petrarca
De Horacio y Ercilla
De Spinoza y Bello
De Sarmiento y Mistral
De Steiner y Thoreau
De Darío y Prado
De Frost y Whitman
De Valle y Neruda
De Ponge y Teillier
De Rosabetty y Zurita
De todos soy eco y varilla
Pero me ha tocado un mundo grosero
Un mundo de injertos de confundida habla
De parloteo inútil, de andro ensimismado
Por ello me he ido con ellos
He emprendido el viaje
A un léxico todavía cautivo
Que busca su agua fresca
Su recuperada habla
Junto a hojas y malezas
Tras de ramas y venteadas
Empujada por los vientos
Por cortezas respondida
En encadenado lamento
Crujido, caída, tala.
Tierra
Generosa alfombra de vegetada trama
Extiendes tus pliegues
Por quebradas y cerros
Por planicies y desiertos
Por sabanas y mesetas
Por valles y hondonadas
Todo encima de ti es vida
Todo debajo de ti es vida
Cada árbol, cada mata, un hijo
Cada raíz, cada gusano, un embrión.
El verano te encuentra celebrando
La llegada de tanto fruto nieto
De tanta hija flor
La jugosa pulpa del madurado durazno;
Al otoño lo dejas
Que te vista de lanas
En un estallido ocre
Las laderas de parra;
En invierno eres paciente espera
De la metamorfosis subterránea
Aparentemente sorda
Toda oídos bajo el oscuro barro;
Y la primavera fecunda
Con el cascabeleo de su palabra
Hace estallar tus pezones
En brotes de promesas
Promesas mandarinas
Sonrientes sandías
Díscolas tunas
Collar de moras para ti.
i.- Hojas
Hoja de álamo blanco
Ovalada y
De suave escamada
Tu piel delgada se ha hecho para los vientos
Ahora que los bípedos vivos necesitan sombra
Te multiplicas generosa
Y te estás atenta a las brisas de la tarde
Cuando el hombre y la mujer
Salen a andar en silencio
Y ella repara en el blanco terso de tu tronco
Mientras él recita algunos versos de La Odisea.
Hoja anónima
No conozco tu nombre
Así que empezaré por describirte,
La belleza de tu arbusto
Me detiene cada vez
Cómo no reparan los ojos humanos
En ese racimo de lila entregado
Al desatento pasajero
Ese racimo de lila que cuelga
Gratuito por el viejo muro.
Tú, hoja de verde perenne
Sabes que tienes
Esa belleza a tu cargo
Y por eso te has espinado
Te has erizado las espaldas
Para defenderla de las manos pasajeras
Que no entienden
que la belleza está para ser.
Hoja de boldo
Hosca, tiesa
Dura, brillante
Tu verdor intenso
Sobrevive a los calores
Del medio día en las quebradas.
Sombreas el paso del leñador
Y le refrescas el aliento
Con tu sabor aromático
Tu olor viaja en la noche
Y se detiene en la oscuridad.
Hoja de cedrón
Canoa en el agua
Tu forma alargada
El ojo de la mujer allá
Siempre hay surcos
Surtidores surcos
Irrigadores surcos que te recorren
Y arrancan de la vena centro
El verde amarillento
Y el olor penetrante
Que el viento rapta
Y reparte por los ríos.
Hoja de ciruelo silvestre
De rojo viejo agranatado
Y verde fresco repartido
Eres perfecta
en el corte escamado de tus orillas
Intuyo tus magníficos colores
Y te llevo
Para mirarte a trasluz
Como las otras estás llena de pequeños surcos
Pero te repartes en zonas rojecinas y verdes
Y te ha tocado que el rojo viejo domine los bordes y el tallo
Que te une a la fiesta que eres para mis ojos.
Hoja de damasco
Describo tu color de ahora
Porque sé que mudas
Por eso mi ejercicio
Está luchando siempre con la muerte.
Verde, verde intenso
Que contiene en sus venas
Un perfecto árbol
Cuyo frágil tronco
Arranca de tu frágil tallo
Escamados bordes
De simétrica perfección
Se alínean en tus bordes
Para protegerte.
Te moverás, caerás, te formarás
Justo a tiempo
Para que el fruto de oro
Que te tocó acompañar
Crezca redondo
dulce
luminoso.
Hoja de jazmín en flor
Pequeña
Amarillenta
Cerosa
Delgada
Frágil
Invisible en tu belleza
Por la desmesura de tu flor
Que con sus olores
Nos roba la nariz y los ojos.
Tersa, casi transparente
Tus venas en verde desaparecen
tienes la forma
redonda ovalada
de las buenas hojas
e iluminas las noches de verano
encendiendo las velas de tu flor.
Hoja de laurel en flor
Alargada
Emparentada por tu forma
Con la punta de flecha primitiva
Aunque desde otro reino
Te vestiste de gala verde y orla amarilla
Una costura al centro de un verde suave
despliega la elegancia de tu delgadez.
Miro tu revés
Y entiendo la importancia de la trama
Una historia, un discurso
Que no hay que olvidar,
el tejido de tu trama
Perfección abanicada
Que en disciplina vegetal
Se aferra compacta para la vida
Del arbusto mayor
Y su fiesta de estallido en flor.
Hoja de menta
Corazón ovalado
Rugosa, velluda
De surcos invisibles
Dividida en un orden muy tuyo
Como mi piel
Nos parecemos a los lagartos
Felpuda y oliente
Eres una fiesta para mis manos
Para mi olfato.
Un árbol blanco
Se erige a tu espalda
Un árbol sabio
Materno y nutritivo.
Hoja de rosa silvestre
Tendré primeramente
Que distinguirte de la menta
Te le pareces
Pero hay distingos
Eres más tiesa
Y libre de vellos
La espina será, me digo,
Lo que el felpudo vello es a la menta
Su abrigo
Su protección
Su tacto atento.
No hueles como la menta
Pero tus flores
Son una fiesta a mis ojos.
A tu espalda
La vena madre te recorre
De norte a sur
Y todos los pequeños ríos
De allí arrancan.
Tus orillas
Forman sutiles ángulos
De sistemático porte
Y orden continuo.
Esperaré el invierno
Para ver estallar
El lila de tus promesas
El encendido rosa
De tu estar aquí.
Hoja de Ruda
Si pasas cerca
Te alcanza
Si la tocas
Generosa te impregna
De ramaje chascón
Y distribuida silueta
La ruda lleva historia
Lleva lengua
Lleva conversa
Conversa de mujeres
Mano en la olla
Vapores buenos
Dale a la niña
La ruda se muestra entera
Hereda olores
Dolores calma
Ahí a la entrada del huerto
Para que dé la pasada
A sus hermanas menores
La menta, el orégano
La savia, el matico
La inmigrante albahaca.
ii.- Árboles
El árbol
Y el saludo
Cuando es reverenciado
Se concierta con las brisas y los vientos
Pero el árbol solo
Sin movimiento alguno
Para los humanos ojos
Es siempre un saludo
Desde la otredad vegetal.
Acacia
Aromo te llamaban
Llovías amarillo en tardío invierno
O temprana primavera
Tus chasquilladas hojas
Dejaban ver al paso
El despliegue lento de tu flor
Primero era una verde piñeta y apretada
Luego un estallido lento de vegetal plumaje
Para cuajar en luminosa flor y entera
Luz de día en la noche de las quebradas
De familia variada
Tu hermana de blanca flor
Enracimada flor y abundante
Que se robaba todas las narices
Y detenía los pies enamorados
Las gentes buscaban ciegas
Dónde estabas por las noches
Y alguien decía acacia de Persia
Y un oloroso cuento iba de oreja a oreja
O una vaina más cerrada o más abierta
Se hacía canoa o aro en la mano del niño
Oh, acacias
Alegrías vegetales
Sonrisas en los parques
Estallidos en los ojos
Caricias en las manos
Alfombras en los pies
Déjenme nombrarlas…Acacias
Repetirlas en pobre coro
Acacias
Acacias
Acacias.
Alerce
Góticos son los bosques de alerce
Llevan el empeño vertical en su sangre
Desnudo tronco para lección humana
Chascón ramaje para el humano deseo
Puntas de flechas si desde el cielo
Peldaños inalcanzables si desde la tierra.
Oh, bosques de alerce
Vegetales dioses de la Araucanía
Hijos de ellos, sí
Nietos de ellos, sí
A medianoche la sierra
El fuego, la cobarde huida.
Desde una copa te admiro
Ejército de petrificadas flechas
Manos orantes en la soledad de la aurora
No los dejes que abran tus entrañas
No los dejes que ahoguen tu enramada
Que tu savia verde sequen, no los dejes
Entraña, enramada, savia, no los dejes.
Algarrobo
Tu nombre es duro
Para la delicadeza de tu hoja
Pluma vegetal
Deshilachada por los vientos
Agresivas espinas
Se ocultan para protegerte
Porque te tocó vivir en tierras pobres.
Un racimo que es flor y fruta
Cuelga entre los abanicos
Del suave verde de tus hojas
Al verlas yo pienso
Que estas sí son suaves hojas
Por las que descalza
La novia debiera pasar.
Árbol anónimo
Nunca nadie te podó
Y eso te hizo libre
Mil generaciones convivían en todas las direcciones
El más tierno brote de fresco verde
Con la más callosa corteza de viejas estrías
Esa era la saludable convivencia
Que no aprendieron nunca los humanos
Las ramas buscaban el sol de mil distintas formas
Y a la casa nunca sesgaban la vista
Aunque el río era ya murmullo entre el ramaje
Y el oído entonces aguzaba su sentido
Y la vista no lo tenía todo a su alcance
Porque era una casa que quería vivir entre el verde
Porque era una mujer que de mirarlo le hablaba
Y a eso de las seis se sentaba en el hueco del tronco más bajo
Y dejaba que la meciera suavemente
Hasta el asomo de una luna
De una luna
Entre el follaje.
Arrayán
AL Arrayán de hoja pequeña
Y flor abundante
Y al arrayán blanco
Que nació para coronar
A las novias de las altas cordilleras
Y al Arrayancillo
Que volvió a alargar sus hojas
Y a la Patagua picha
Que anudó paciente rama y flor
Talvez por la soledad de los pantanos
Que de sus verdes y profundos
Y del cielo en ellos recibido
Devolvió un ser claro y luminoso
Al revés de sus hojas solitarias.
Y, más allá tú,
Arrayán, Maitén,
Extendido en tu follaje denso
En el bañado litoral central
El felpudo rojizo de tu revés
Y tu solitaria flor perfumada
Son un llamado al distraído viajero
Que va como flecha encementada
De sur a norte de norte a sur.
A ustedes, Arrayanes de quebradas
Y a la Luma y el Tepú, sus hermanos
Nacidos todo para corona
Abrazados vecinos en la fiesta de los vientos
Al picaflor común
Que se acerca a sus frutos
Y a la laucha andina
Que cruza rauda en el silencio de estas laderas
A todos observo maravillada
Y, como siempre,
En cualquier momento y descalza
Levanto el templo
Para agradecer.
Avellano
Porque viene de la Grecia
Es también nuestro
Porque hundió su raíz en la humedad austral
Y se hizo uno con la austral hojarasca
Es también nuestro
Hermoso arbusto de ojos amarillos
Hermoso de baja sombra verde
Llevas en ti el estado primigenio
De un masculino y femenino próximos
Que se concentran en lo suyo
Y siguen la magia de un orden verde
Que no los llevó al extravío
Porque permanecieron allí
Próximos y ensimismados
Belloto del norte
Entre tus hojas y las del peumo y del lingue
Es la tuya la hermana mayor
Repartida hoja entre las quebradas calientes
Y los bosques costeros
Te has resuelto venosa, carnuda, brillante
Como muñones de verdes promesas
Como racimos recién consumidos
Se ven tus botones entre las hojas.
El niño que corretea las cabras
Se sienta bajo tu oscura sombra
Y siente la caricia de la quebrada
Que es fuelle de vientos interiores,
El susurro de tu bosque
Que es calor de mediodía y frescor salino.
En la noche alunada
Iluminas los bosques con tu hoja brillante
Dejando ver la cercanía
De tus hermanos
El Lingue
El Peumo
Boyén, Huayu
Hoy te encuentro aquí
En terreno pobre
En peligroso borde de quebrada
En la sabia precariedad de tu estar
Mañana serás objeto de labranza
Y recibirás el sudor de la mano que te alcanza
O entrarás al surco con ojo ciego y fértil.
Te he visto allá, en las laderas
En tu fiesta de hojas y flores
Aserradas hojas con la mano del intruso
Femeninas flores
Masculinas flores
que la soledad de las quebradas
hacen posible.
Canelo
Empezaré por tus hojas, hermoso Canelo
Verde cabellera mecida por los vientos,
Seguiré por tu tronco y ramas
De café rojizo vestido expuesto a los vientos
Un lugar te tocó en la ceremonia de los humanos
Y allí has estado entre danzas y gritos
Adornando a la novia con tu racimo de flores
Trenzando materno un techo en la escampada.
En sagrado árbol o solicitada especie
Viajas en el imaginario y gusto humanos
Tótem rodeado en sagrado rito
Aroma incrustado en bebidas y postres
Tu cerosa hoja estilizada
Y tu maravillosa flor enracimada
Con ella quiero hablar un rato esta mañana
Pregúntale si quiere por un momento recibirme
Solo quiero decirle que su belleza me detuvo en el bosque
Que la vi en la cabeza de silenciosas novias
Y en la mesa vieja de la vieja sabia
Quiero decirle que los bosques se iluminaban con sus velas
Y que su tersa corteza, canelo hermoso
De ceroso tono mate y orgulloso
Celebraba la mañana cada día
Que la sonrisa de sus flores
De amarillos ojos
Y níveos pétalos
Cruzan las estaciones
De la siempre llovida araucanía.
Yo te saludo, hermoso Canelo
Y me paro descalza y en silencio
Cerca de ti.
Ciprés de cordillera
Tu piel gris y arrugada
Celebra tu secreta savia
En delicadas ramas luminosas
De pequeñas trenzas vistes la alta cordillera,
Tu amarre de verde
resiste los más fuertes vientos.
Dime, Ciprés
Qué le dices a la loica en su paso?
Cómo te saluda el Pudú cada mañana?
Suave abanico de las alturas
Perfumas con tus flores
Femeninas y masculinas
Toda la montaña
Y perfumadas las aguas
Bajan al valle,
Bajan al mar.
Culén
De la humedad de las quebradas
Mantienes verdosa tu madera
y perfumadas tus hojas
alguien dice “aloja de culén”
y una falda pasa rauda
de un cuarto a otro
la niña está malita
aguita de culén.
Dos largas ramas
Sobresalen entre el follaje
Con tus delicadas flores azules
Que se disponen
Como en racimo escalado
Detienes al leñador
Y suavizas su mirada.
Espino
Al espino
Que ilumina con su flor
Largas estepas, valles y llanuras de mi Chile central
Quiero hablar largo y sin apuro.
Sabio arbusto, arisco
Asumido en tu sed permanente,
Junto a la espina defensiva
Una felpuda flor apomponada
Que ha tomado su amarillo oro
De tanto atardecer acumulado.
Con un ojo exótico
Cerrado por los vientos
Cuelga tu vaina centinela
Cuidando la semilla
En la escasez de la gota
En la canícula del medio día.
Espino
Yo te encontré encendido
En la berma del camino
Mi amiga hablaba
Y a mí se me volaban los ojos
Cada vez que tu luz
Relampagueaba en el vidrio
Amarillo otoñado el tuyo
Como el tardío amarillo
Del aromo en flor
Mi amiga hablaba
Y yo contaba tus pelusas de oro
Que venían tan bien
Con estos pálidos cielos de otoño atardecer.
Eucaliptus
El eucaliptus como el avellano
No es nuestro
Y es nuestro
Qué es esto de lo nuestro y no nuestro
Sino un abrir y cerrar la mano
Yo lo tengo en mi nariz y en mis ojos
Desde que de niña
Caminaba en los bosques
Delgado y grueso según edad y agua
De su tronco aprendí los colores
Grises, azules, ocres, verdes
De sus enormes cortezas desprendidas
Un trenzado vegetal que impide el pie
Que es fiesta oxigenada
El más viejo ya tocaba el cielo
Con sus ramas de ocre amarillo
El más joven se asustaba con los vientos
Con sus ramas de verdoso celeste
Yo abro mi ventana cada mañana
Y lo miro, es mi saludo
Él me responde con tono grave
De mentolado aliento
Nuestra conversa es permanente
Una conversa de verdes sílabas
De acortezado ramaje
De extendida caricia
En el fresco del atardecer.
Guayacán, Palo santo
Los calores y el silencio
De los valles y cerros interiores
Donde naces y creces
Explican tu ser arbusto y no árbol
Todo en ti es ahorro de rocío
Y esquivez de vientos.
Tus retorcidas ramas
Y tu tronco precozmente envejecido
Tu pequeña hoja, pariente del espino
Hablan de la sequedad que te tocó
En el reparto de las tierras
Y tu fruto, Oh Guayacán, an, an, an
Una cápsula de oscuro violeta enmaderada
Sombrea los campos
Y guiñe al cabrerío
Que vuelve al corral
Al atardecer.
Lingue
Desde el fondo de las quebradas
Te levantas y te asomas
Bayas violeta oscuro
Aparecen entre el verde
Son tus ojos y tus óvulos
Que esperan el sol y los vientos
Para abrir y volar a otras quebradas.
Tu flor es una fiesta de mariposas
Mayores y menores
Con sus capas extendidas
Y sus mil ojos
Atentos a la vida.
Liñe, litchi
Allí te estás quieto
Confiado en la corteza de tu tronco
Y en la velluda hoja protegida
Cerca, muy cerca de ti
Tus vecinos el belloto y el peumo
Celebran desnudos, como tú
Otras fiestas en las quebradas.
Litre
Pocas veces se ve a los niños
Saludando a la hojarasca
Es que al litre “Buenos días”
Es que al litre “Cúbranse los hombros”
Allí está entre matorrales
Siempre cercano a su vecino el boldo
Y con su arisco fruto él mismo
Con su desnuda nervadura
Luce su drupa gris pálida y brillante
Abrigada por la niebla del amanecer.
Molle
Te cedieron las faldas asoleadas
De los cerros cerca del mar
La canícula de la media tarde
Y la sal marina en el polvo
Engrosaron tu nervadura.
Los ojos citadinos
Piensan que estás enferma
No saben que la hoja y el lugar
Viven en diálogo secreto
Que los vientos y la luz
Que el Cururo y la Chilla
La Tenca y el Tiuque
Se arrastran bajo tus ramas
O te observan desde las alturas.
Muchi
En la cordillera baja
De la provincia de Santiago
Como árbol o arbusto
Crece el Muchi
Su solo nombre nos abriga
Sombra da aunque pequeño
Yo que soy extranjera entre estos verdes
Oigo al cartero viento gritar
Muchi, Molle, Huayo, Tique, Maqui
Y a la Vizcacha y la Loica
Corretear inocentes
lejos de la gran ciudad.
Naranjillo
En los bosques de la cordillera
Se distingue tu mapeada hoja
Irrigada de verdes hilos
Defendida por la espina de tus bordes
Te vistes de verde brillante para el mundo
Y de suaves verdes para los suelos vegetales
¿Qué te habla, dime, el olivillo venido de otras tierras?
¿Qué danza delgada te hace cuando aparece tu flor blanco-amarilla
Qué vegetales envidias deja oscilar en las brisas estivales
Cuando al bosque entero encantas con tu olor?
Olivillo
Como tu nombre, delgado, vertical
Delgadas son tus hojas
De liviano verde claro
Que quiere alcanzar el sol
Por eso asomas en las laderas asoleadas
De la pre-cordillera andina
Y cimbreas en tu baile de crecimiento
Como una cabellera vegetal
Estrellada flor esculpida en madera
Ínfimas canoas tus lóbulos
Sirven de viajero barco
A los insectos del atardecer.
Palo colorado, lúcumo silvestre
Entre piedra y niebla salina
Asoma carnoso y se abre camino,
Celebran las colinas
Ondeando frente al mar
A este brote de vida decidido
Que pronto será rígida hoja entre los vientos
Y delicada flor
Para las novias del amanecer.
Patagua
Pataguas, patas de agua
Porque creces junto a riachuelos
De ellos tomas el fresco verde
Y el liviano ondular de tus ramas
Tus hojas se alargan
Queriendo alcanzar el agua
Y tus flores, Patagua
Tus flores, campanas estrelladas
Lóbulos sedientos, sépalos, pétalos, estambres
Se gozan prisioneros
En la humedad de las aguas.
Peumo
De la humedad mayor
De la que te levantas
Has tomado el oscuro brillante
De tus hojas siempreverdes
Y el verde suave de tu revés
Descorrido verde
Por los sudores del amanecer
Tu flor, todavía capullo
Bellota, aceituna, mosqueta crecida
De rojo enamorado
Se abrirá como un folículo sediento
De otras semillas viajeras
En la ceremonia de los bosques.
Pino
Solitario en la colina te encontré
En la berma de la costa fuiste mi sombra
Pelucón de castaña alfombra
Al olfato y al tacto das placer
Acompañas al atardecer con tu oscuro verde
Milagrea el fruto escondido entre tus flecos
Y se perfuma el viento a tu paso
Las niñas recogen tus piños
Y hacen collares con sus uñetas
Cerrados piños de brillantes ocres
Algunos piden más tiempo a la mano
Otros estallan en el temprano amanecer
Diseminados en uñetas sin dueño
En la sagrada promiscuidad de los suelos.
Quillay
Grandes y extendidas
Son tus tierras, hermoso Quillay
De niña te oigo nombrar por mi madre
Esmerada en conservar el brillo de mis cabellos
La cascada de miel sobre mis hombros
A ver te fui con mis primas un día
Tu tallo rugoso me dijo que sufrías.
Habías nacido para la flor más linda
La orgullosa de corimbos, estambres
Pétalos, cáliz, estigmas.
Del litoral a los valles
De la niebla salina
A los calores afrutados
Viaja tu semilla agradecida
Sauce
Oye, chascón, melenudo
Te han peinado tanto con peine de letras
Que yo no quedan sílabas disponibles.
Te miraré desde abajo
Desde la acequia que a tus pies corre
Porque desde allí te veo el corazón
Oculto entre la verde melena
Y el encaramado gris que te sostiene
Me dice que aunque viniste de lejos
Con estas aguas y estas tierras
Has hecho pactos vegetales
Minerales pactos
Que borran historia y fronteras.
Ulmo
Tus hermanos, vestidos de verdes
Y tú, nevado,
En plena estación estival?
Quién te hizo tan hermoso
Quién tan generoso te concibió?
Oh, gigante de los bosques del sur?
Cerosa hoja redondeada
Que protege el fruto
Para que llegue a ser la flor
De alba organza y roja coronilla
De estallido silencioso y sol propio
La más bella flor del monumento
Del monumento vegetal que eres
Oh, Ulmo, viejo y nuevo, ido y presente
Arriba, en las faldas de las altas cordilleras
Te vistes de blanco un día
Te coronas de flores
Y de cantos de abejas
Y allá, arriba, cruzada por suaves vientos
Hay una fiesta de pétalos que vuelan
Un susurro de abejas que enamoran
Una promesa de opalina miel
Que pronto no llegará a nuestra mesa.
iii.- Flores
Ajicillo
Tu apasionado rojo
Pudo más que el dictamen de lo vegetal
Dejaste adherirse entonces
A la mariposa en tu espalda
Y desde entonces tus flores
Vuelan
Aunque no haya viento
Bailan.
Arvejilla de cordillera
Te veo de lejos
Y recuerdo el huerto
Fuiste premiada
Con la libertad de la flor
Y el extendido suelo en los campos
Tu hermana, la arveja de canastos y ferias
No tuvo la misma suerte
Pero a ella la nombras tú
En las frías nieblas cordilleranas
Y ella te lleva a ti
En el saco amordazado
O te retiene abrazadora
En el huerto humedecido
Para mirar la belleza de tu flor
Enracimada flor azul
De la pupila verde
Hermana mayor.
Añañuca de cordillera
Sin preámbulos te asomas desde la tierra
Tu tronco
Tu tallo acuoso
Resiste la desigual fuerza de tierra y agua
Sé que tus estrellas
Que son de tierra
Dialogan en la soledad de las cordilleras
Con las azules estrellas de los cielos,
Sé que tus estrellas
Que son de agua
Dialogan en las azules cordilleras
Con las dulces aguas de tus estrellas.
Capachito
Los óvulos
Se las arreglan siempre
Para estar dispuestos
Entre el enmarañado verde
O en la profundidad de las mujeres.
Ahí están siempre esperando
El estallido vegetal o seminal
Que les completa la existencia
Canasta, vasija
Esperando en medio de la noche.
Capachito
En las laderas cordilleranas
Junto al sombrío macizo mineral
Se levanta tu delgado tallo
Frágil amarre de rosetas voladoras
Infladas corolas de dos labios
Redondeadas en la madurez
O en anuncio de apretada crecida.
Me ha contado tu vecina, la inuil
Que te has vuelto pegajosa
Buscando protección y abrigo
De los vientos cordilleranos
De los zumbadores insectos
Que te doblan las espaldas
Que te abren tus botones.
Eso me ha dicho la inuil
Con su falda morada al viento
Bajo la luz repartida
De tus rosetas al amanecer.
Cardenal
Pincel osado
El que trajeron los vientos
De rojo, granate, morado,
Fucsia, rubí, anaranjado
Los pétalos te pintaron
Y tú, cardenal aclimatado
Creciste lo mismo en cuidado jardín
Que en rincón olvidado
Sostenido por grueso tallo
De rugoso gris,
Y de expuesta quebradura
Tanto era tu color
Que al pasar la niña
Su vestido se teñía
Tentándola a la risa
O el color de la casa
Mudaba contigo
Sorprendiendo al habitante
Así, hermoso cardenal,
Del dedal de oro, vecino
Y de la silvestre manzanilla, próximo
Yo te celebro en vegetal misa
Y tus pétalos doy por hostia
Y tinta de tu agua por vino.
Chagual magüey, Chagual cardón
Toda la sequedad de las quebradas y los cerros
Toda la canícula de las laderas asoleadas de los cerros
No te vencieron
Chagual maguey,
Chagual cardón.
En medio de los vientos
Que traen la espuma salina de los mares
Erigiste tu verde bandera
Y en su base no faltó la flor
delicada flor azul de amarilla esperanza
que te murmuró en la espina
para que no cayeras vencido
por la soledad de los litorales
y te afirmaras confiado
en la profundidad
de tus hilos subterráneos.
Coirón
Tendido en las abiertas extensiones
Te peinan tus madres, las venteadas
Y en tu diario ondular tembloroso
Ocultas a la rata huidiza
Que huye del coyote amarillo
Buscando su escaso alimento
Coirón amarillo
Verde coirón
Coirón ocre
Oscuro coirón del litoral salado
Amargo de soledad sueltas tus plumas
Viajeras plumas que sueñan la yareta
Para establecer alianza con la piedra
Y librar a las madres su tarea diaria
Decirles, miren, madres
Aquí estoy en delicada cesta
Aquí estoy en hondo canasto
Aquí estoy en la techumbre de la humana casa
Aquí estoy junto a mi hermana la yareta
En la telúrica maqueta
De una voluntad universal.
Copihue
Qué decir de ti, copihue?
Cuando te han nombrado tanto
Nada soberbiamente distinto
Solo que detuviste mi paso en el camino
Cuando mi ojo captó al paso
Una luz entre el verde
Allí estabas trenzado con el húmedo tronco
En amoroso abrazo de sólida pasión
Yo escondí la emoción
Y solo dije frases comunes
Cómo iba a decir
Que lloraba, que el regalo, que era como
Y que quería quedarme un rato allí
En el silencio de tu casa
Conociendo a tu familia
El Chucao que te visita por las mañana
La Llaca que marca huellas con su paso
El Pudú que insiste en la inocencia
La brisa fresca que sacude la arboleda
La lluvia suave encargada del verde.
Cómo iba a decir
Que todo estaba repartido allí
Para que cuando pasáramos desatentos
Una súbita luz
Un quiebre de cuello
Nos botara allí
Por un rato
Cerca de tu casa.
Dedal de oro
Dime, desatendida flor
Que me rasgas los ojos
A orilla de camino
Cuando el bus me lleva rauda a mi trabajo
Armaste tus pétalos
Con alas de mariposa
O con soplo de sol?
Te lo pregunto porque
Revolotean ellas entre tus tallos
Y vives en complicidad con el flotante dios
Abriéndote solo cuando él te toca
O en comunitaria decisión cerrándote compacta
Cuando tarda él en bajar al mundo.
Dedal de oro
Simple flor a la berma de los rieles
Pequeño sol en la ladera de las lomas
Sembradío de luz en los valles y hondonadas.
Esparto
Delicada y anónima
Te repartes entre los verdes y el cielo
Amarillos e ínfimos pezones
Llaman al insecto que extraviado en la noche
Busca refugio en algún orden
Sedentario y materno.
Flor de cardo
Oculta entre espinudas chasquillas
De una planta oculta
En la ladera de los cerros
Respondes hosca a la mano que se acerca
Secreta a la boca que te nombra
Sombría a la asoleada que te asedia
De otoñal tono te han vestido
O de otoñal violeta al atardecer
El martes aquel
De cielos grises y grises mares
Pasé cerca de ti y
Detuviste mi paso
Espinaste mi mano
Enterraste mi pie
Cardoso pie y voluntario
En la plumada suelta
De nuestra arisca amistad.
Flor del Queltehue
Asomas entre los altos pastos
Como una celebración de azul
Del queltehue te llaman flor
Porque con su canto
Se intensa tu azul
Y tu amarillo se ilumina.
A tus pies
Delgados volantines vegetales
Te danzan en un ondular
Que serpenteante sube por tu tallo
Y hace vibrar suavemente
A la flor niña por nacer.
Flor de la viuda
Delgada
Y sin resuelta flor
Te yergues en la
Fragilidad de tu orgullo,
De violeta azulado
Se han vestido tus flores
Y desde el fondo
Acumulando oscuridad
Un bulbo silencioso te alimenta
Para que sigas danzando
Con tu leve estar.
Hinojillo
En composición natural
Te halló el pintor
Y te llevó a la tela
Yo te devuelvo al follaje
Y te rodeo de lo que te rodeaba
Delicadas zarcillas
Hojas perennes
Espinudos enramados
Que no llegarán
Nunca al cuadro
Para locura del pintor.
Huilli pijama
Curioso nombre
Te han dado los humanos
Me llama a la risa
Cuando no quiero reírme
Sino reconcentrarme toda
en el azul rosado de tu llamado
En ronda has organizado tus flores
De mil pies
y mil brazos
que remolinean inquietos
alrededor de un tallo
todo savia, todo estiro
todo empuje invisible
en los arenales del litoral
en los ocres suaves del atardecer.
Huilmo, ñuño
Emparentado con la flor del queltehue
Por el lado de madre
Delgada y ondulante
Pero de vientre firme
En la ladera de los cerros
O en pastosos terrenos
Tu presencia postula
La convivencia posible
Entre la cascarosa tierra
O la fangosa insaciable
Estás tú, delicada contextura
Bailarina anónima
A merced de los vientos.
Lahue o cebollleta
Brotas en los pastos húmedos
Tersa de agua
Firme en tu delgadez
Tres astas de azul violeta
No giran bailarinas
Pero hacen girar los ojos
Del caminante cuando te mira.
Encontrarte es un premio
Porque estás casi desaparecida
Las manos no entendieron
Que tu belleza estaba allí
Que vivías toda plena
Hundiendo tu tallo en el fango
Verdoso y nutriente fango
Del que asomas delicada
Para tomar tu azul de los cielos
Y tu violeta del bajo atardecer.
Lirio del campo
En el despliegue desordenado
De tu belleza
Lanzas flores en todas las direcciones
Allá te nombran astromelia
Yo seguiré llamándote lirio del campo
Y celebraré tu valiente belleza
Atrevida belleza
Bajo los grandes árboles
De la cordillera de la costa
Allí te yergues con tus vestidos
Rosas y amarillos al viento
Al lado de los grandes troncos
Que te dejan un lugar de asomo en el verde.
Malvilla
Creces delicada
Entre las dunas del litoral
No han borrado tu bello rostro
Ni las nieblas saladas
Que se detienen en las quebradas al amanecer
Ni la ventisca baja
Que chicotea la flora poco antes del anochecer.
Del tallo mayor
Arranca tu cimbreante hilo
Que te sostiene bailarina
Bailarina de sencilla falda
Cinco paños de campana
Remolino entre las dunas
Hojilla apiada
Banderola blanca
Entre la furia del mar
Y una costa que no cede
En su empeño mineral.
Mariposa del campo
Allá
En la oscuridad del bosque
Fuiste siempre la luz
Ojo nocturno
Súbita mariposa
Verde roja vagina
Siempre a la espera del pasajero semen.
Aquí
Te has vuelto excedida
Cebolla, ubre
Oreja alada
Vacía de corona
Y de brisa visitada.
Ortiguilla
Modesta yerba
Pobre de hojas y flores
Creces en la costra de cerros y quebradas
Y bebes de la gota de rocío que pasó en la niebla
Diminutas flores en piñata defendidas
Y escasas hojas encaramadas en tu tallo
Por eso te abrigas en una felpa espinuda
Cuidándote de la mano pasajera
Que pueda arrancarte por ser una modesta yerba
Pobre de hojas y flores.
Pajarito del campo
El pajarito del campo
Deja caer sus arañas azules
Vegetadas arañas
Que miran a los suelos
Y por las brisas pasajeras
se dejan seducir.
Delgado cuello verde
Que en la fragilidad de su estar
Ha vencido los inviernos
Cuando el pie descalzo
De la niña pasa
O un pájaro roza
Con su ala tu flor
Parece que de azul se pintan
De azul violeta
De azul violeta
Del atardecer.
Quintral
Del calor que heredaste
De la familia de la que vienes
Sale esa erupción quiscosa
Enmarañada belleza
La de lo vegetal
Estallido silencioso
En la desértica ladera.
Yo me pregunto
Por ese verde profundo de tus hojas gruesas
Y el esmeralda profundo de los mares me responde
Que en la brisa salina de cada amanecer
Viaja un pincel que como ráfaga
Moja tus hojas antes de desaparecer
En el cañón caliente del mediodía.
Rama de peral
Celebro el gris de tu rama ondulante
El verde amarillo de tus hojas
Y el fruto que me alimenta
A mí y a mi niño dormido.
Relicario o soldadillo
Enredada entre matorrales
Distribuyes la pasión del abrazo
Y te dejas caer lánguida
Como la lágrima
Como el óvulo
Como el espermio florecido.
Y allí,
En la oscuridad verde de las quebradas
Entre Antofagasta y Valdivia
Estallas por la noche
O a medio día
Porque no hay quien detenga
Tu lluvia
Tu danza
Tu estallido vegetal.
Renilla
De la espesura cómplice
De tu verde hermanado
Se aventuran atrevidas
Tus pequeñas rosáceas
Van hacia adelante por el mundo
Inconcientes de su belleza
Dejando caer la pequeña semilla
Que es gota
O es lluvia
Fresca y segura
Bajo los ojos y brazos
De un verde
Que no se rinde.
Rosas
Desafío de la cabeza
De las grafías y del decir acumulado
Es abismal distancia
Tu estar allá
Y tú ser entre nosotros
Donde eres idea y palabra
Y cómo no, nunca objeto
Vegetal pétalo tu crecida
De desenvueltos ruedos
De lenta apertura y celosa
Siempre en botón ahorrado
Para controlar la entrega
Del hombre que te disciplina
En humanos calendarios
Y a quien hieres sus dedos
Para que retarde el corte
Para la danza del nuevo ruedo
Que en imperceptible ocurrir
Sorprende al ojo humano.
Por qué, me pregunto
Con el cactus y el tunar
El espino y el cardo blanco
Compartes la defensa de la espina?
Es la belleza, cae un pétalo
Es el agua, baja una gota
Es la noche, impregna el aroma
El aroma rosa de suave repliegue
Clave secreta del lenguaje vegetal.
Soldadillo grande de cordillera
Oculta belleza
Descubierta por mis ojos
Aroma suave que me detuvo en el camino
Erótico tacto que me conduce a lo profundo
Los raudos pasajeros
No reparan en tu presencia
Y yo me apuro
En nombrarte
Porque entre tu ser y mi palabra
Se levanta un puente indestructible
El puente entre un orden que me precede
Y una palabra que te hace volver a nacer.
Suspiro del mar
Hermosa oreja vegetal
Tendida en playas y roqueríos de la costa
Acampanada corola azulada
Oidora de naufragios
Y de cantos de sirena.
Todo entra por tu pollera humedecida
La salina niebla de la madrugada
Y la oscuridad profunda
De las playas al anochecer
En tu fondo has reservado
El amarillo oro de muchos soles
Porque también eres faro
De animalillos e insectos
Que extraviados en la noche
Entre repetidas dunas
Hasta dar con sus guaridas
Siguen tu luz.
Trique
Siempre en la sombra
En las boscosas y altas quebradas
Con tu junquillo alado
Volantín libre entre los verdes
Has construido en nidos tus flores
Como avecillas de ojos amarillos y celestes
Entre pisos sostenidos por tu tallo
Único tallo hinchado de vida
En el sostenido empuje del brote
Que de tarde en tarde
De otoño y martes invisible
Ofreció el asomo maravilloso
Allá
En la sombra desatendida de la quebrada.
Uva de cordillera
Que arriba no crece nada, dijeron
Que solo es piedra y cielo
Entre la pezuña de la bestia
Y la polvorienta roca
Te asomaste arisca
Yo hice parar la mula
Desmonté y me senté en la roca
Mi mano rozó tu espina
Y comprendió tu caricia
Invisible mata de sed permanente
Invisible arbustillo de fruta generosa
En las quebradas de Los Andes
En la andina soledad.
Vinagrillo gordo
Creces entre las rocas
Sabiendo que el agua escasea
Por eso has amanguerado tu tallo
Y los has vuelto almacén de vertientes
El moño abierto de tus delgadas ramas
Ondula confiado sabiendo
Que la humedad no faltará
A pesar del desierto que lo persigue.
Tu hoja arrebolada y frágil
Guarda algún parentesco
Con los verdes tréboles extendidos
Me quedo observando el punto
En que del grueso tallo
Arrancan las delgadas ramas
Y un extraño alivio
Entra a mi alma.
Violeta de campo
Sostenidas
Por un delgado tallo verde
Se balancean tus violetas,
Confiadas en la docilidad
Con que convives con los vientos
Se dejan caer
Se asoman o se cierran
Tus campánulas azules
En el medio día de los bosques.
Violeta de hoja larga
Que irrumpa el azul en el verde
Que nombre la armonía de valles y cielos
Porque la energía amorosa
Que escogió en el principio estos colores
Sabía que entre tanto dolor humano
El verde
Aliviaría las pieles
Y el azul
Los ojos cansados al atardecer.
Yareta
No hay complicidad más férrea
Que la de yareta y piedra
En el lugar sin respiro del desierto
Un pulmón verde se asoma y cunde
Tapiza y canta
Suaviza y rompe
La amada monotonía de un tiempo detenido
El hombre se reclina en su muslo
El cabrerío apura el paso
Próximo el coirón le ofrece abrigo
Le presta pelucas
Le barre su patio
Coirón, yareta
En sus húmedos lenguajes
En sus lenguajes terrosos
Dormiré con ustedes esta noche
Alejada de mundo
Abrigada de lejanía
Coironeada
Yareteada
Dichosamente
Deshumanizada.
© Leonora Lombardi 2015




















